Es verdad, uno va alcanzando estadios cada vez más y más elevados, pero por muy alta que llegue a ser la torre nunca podrá alcanzar el cielo. Y en ocasiones, algún pilar maestro o la cimentación que creíste infalible durante tanto tiempo, cede y es necesario rectificar y derribar los pisos superiores porque, de seguir construyendo, la estructura en su totalidad puede venirse abajo. Incluso alguna vez, también hay que derrumbar el edificio entero porque te das cuenta de que la construcción no podrá seguir subiendo a menos que rediseñes la forma de construir.
No obstante, la cuestión es que hay que seguir adelante, no obcecarse con intentar levantar el edificio en el aire, pero sí no desistir nunca en la persecución de objetivos cada vez más y más ambiciosos, arriesgándose a probar con nuevas formas y materiales. Y de este modo, muchas veces habrá que rehacer el trabajo y nunca tocarás el Sol, pero un día llegarás a donde sólo muy pocos hombres han llegado y otearás el horizonte en su máximo esplendor. Ésa es la cuestión, no te conformes con una casa de adobe o con un confortable palacete, no a menos que hayas mirado ya desde muchísimo más alto. Que no podrás acariciar el cielo, pero son contados los que pueden presumir de haber superado las nubes y visto con claridad las estrellas.